cuento escrito para alguien en especial sobre todo a quien le calce y para
el colectivo solitario en general:
De alguna manera hay que apalear la soledad... se decia abrochandose el
ultimo boton de la camisa de los viernes, era puntual... de alguna forma
habriamos de ahogar esta soledad, habeces llovia y los arboles golpeaban la
ventana, y aun asi era puntual. todo era un desorde ordenado de la melancolia a
la rabia por orden alfabetico...podian hablar o solo quedarce en silencio, eso
habeces decia mucho mas que cualquier cosa, extraño o no era un sentido, una
forma de sentirce menos solo, sobre todo cuando la ciudad es una cupula luminosa
y solo es posible compartir el desamparo con uno mismo, si, habia veces en que
las cosas marchaban bien y habia con quien partir las horas y asi nunca era
viernes entonces. El aroma dulce de cuerpo ajeno, que dulce era entonces.... y
otras veces las horas duraban cientos de minutos y el dia tenia treinta horas y
siempre era viernes, un viernes que pestila y se pega en los huesos... y si,
siempre era amarilla la tarde, la camisa...que ritual sadico-sentimentalaquel
el de derumbar recuerdosy descolgar palabras...
que desquiciado ritual era este de ponerse una camisa ajena, sentarce
frente al espejo y desnudarse el alma...
consuelo parra